AL RITMO DE LOS LATIDOS

No hay otra opción (sana) que la de bajar revoluciones y ponerse a tempo con la vida, más cuando las circunstancias han cambiado tanto que cualquier vista atrás resulta cómica e irreal.

Teniendo más ideas y planes que nunca, y con menos tiempo del que jamás pude imaginar, se me amontonan las cosas y los casos en una torre de deseos fervientes, y sólo puedo tratar de que no se derrumbe, abrazándola y manejando las piezas con delicadeza.

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