EL SENTIDO DE TODO ESTO

Hace un par de días recordé que un día, especialmente un día, entendí como nunca había sido capaz de entender el sentido de todo esto que hago, y comprendí por qué razón he dedicado mi vida a esta profesión y por qué seguirá siendo así.
Siempre pensé que lo que hacemos los artistas no es un producto de primera necesidad, y que por lo tanto es prescindible. No es pan, no es leche, no es calefacción, no llena el estómago ni abriga, no es medicina… no es un medio de transporte…
Bueno, lo que hacemos puede transportar… la mente y el alma, calentar el espíritu y lo que llena no es el estómago, es el corazón. Y un poco sí puede curar algunos males.

Fue precisamente el fatídico 11 de marzo de 2004.
Nos levantamos Virginia y yo como cualquier mañana. Esa noche teníamos programado concierto en Guadarrama (Madrid) y había que preparar las cosas, cargar el equipo y viajar un rato majo.
Mientras desayunábamos encendimos la tele y, oh cielos, nos encontramos la noticia de los atentados como un yunque cayendo a plomo sobre nuestras cabezas.
¿Qué es eso? ¿Cómo es posible? ¿Cómo coño es posible algo así?!!!! ¿QUÉ ES ESO?

Entre bocado y bocado, el desayuno bajando a trancas y barrancas por la acongojada garganta, nos vino un pensamiento acompañado de una duda: ¿Habría concierto esa noche? Precisamente en Guadarrama, que está en Madrid y donde hay madrileños a porrillo. Muchos escapan los fines de semana y vacaciones a sus casas en la sierra, a huir de la ciudad y relajarse, y respirar aire, y a tener tiempo para pensar.

Una cosa tuvimos clara, mientras no nos llamen para suspenderlo nosotros teníamos un compromiso y lo íbamos a cumplir. ¿Que llegamos allí y nos volvemos sin haber tocado? Con el panorama que había era como para pensar que eso pudiera ser un problema o tener alguna importancia.

Cargamos el equipo y nos fuimos directos, sin titubear, hacia Guadarrama, a la mítica y peculiar Sala Reciclaje, donde siempre nos trataron con cariño extremo y donde nos sentíamos como en casa. Vamos y que decidan ellos.

Llegamos y el ambiente era complicado. Nosotros hicimos todo el trayecto, unos 450 kilómetros, escuchando la radio, estremecidos y superados por los acontecimientos y datos, y los chicos de Reciclaje, obviamente, como toda España, llevaban todo el día igual, viendo y no creyendo. No queriendo creer.

En ningún momento se contempló suspender el concierto. La idea era clara, el que fuera esa noche a Reciclaje para salir de esa pesadilla, al menos por un rato, se iba a encontrar nuestro concierto, a modo de terapia. Los hijos de puta que hubieran hecho eso no nos iban a apagar, y no iban a detener nuestra vida.

Pues bien, la sala se llenó, y de un ambiente intenso y especial, muy especial.
La gente escapaba de sus casas. Se les caía el techo encima y no querían ver más la tele y las imágenes del horror. Necesitaban salir, aire, a otra gente, un trago, y sobre todo un concierto. Nuestras almas necesitaban una tregua.
Nunca lo olvidaré, comencé con Wish you were here de Pink Floyd, canción que obviamente dedicamos a las víctimas de aquella sinrazón, y a partir de ahí cantamos y bailamos, y brindamos y todo con una intensidad diferente. Queríamos tener razones para sonreír.

Esa es mi labor, y nunca lo había visto con tanta claridad como aquel 11 de marzo.
No hace falta que unos mal nacidos pongan bombas para matar inocentes cuando van a sus trabajos por la mañana para que necesitemos juntarnos al menos una vez a la semana con otras personas, y brindar, y cantar, y reír, y bailar… para que pasemos un rato diferente de vez en cuando que nos saque de nuestras rutinas, de nuestros problemas, de nuestros trabajos, de nuestras casas, que nos distraiga y, con un poco de suerte, nos emocione.
Las artes escénicas son eso, una invitación a viajar para nuestros sentidos, un paseo mental a otros lugares, un cambio de escenario que nos descoloca y luego recoloca en nuestro lugar, y nos devuelve la alegría, y la energía. La perspectiva.
Si los artistas no somos un producto de primera necesidad tampoco estamos muy lejos.
Puedes vivir sin ir al teatro, sin ir a conciertos, sin salir a echar unos traguicos, sin escuchar discos, sin ver películas ni series… y sin cantar, sin reír, sin bailar, sin pasear… claro que se puede! Pero no parece una gran vida, y es más, si no haces esas y otras cosas vas acumulando peso en la cabeza, sobre las espaldas, presión, tensión, vas bloqueando las emociones, vas apagando la luz de tus ojos… vas adormeciendo el espíritu.

Seguro que mucha gente pensará que me equivoco o que se me va la pinza, pero no, este es mi trabajo y además he dedicado mi vida a aprender a hacerlo lo mejor posible consciente de todo esto, y creo sinceramente que cuando una persona sale de uno de mis conciertos lo hace diferente a como ha entrado. Un buen concierto, un buen espectáculo de lo que sea (teatro, danza, música…) tiene que ser una especie de experiencia suficientemente intensa y delirante como para que produzca un reseteo mental para el espectador. Eso es lo que creo y lo que trato de conseguir.

Siempre he dicho que soy, lo primero, un entretenedor (aparte de artista), y el 11 de marzo de 2004 entendí como nunca lo había entendido lo importante que es eso, entretener, y si llegas un poco más allá, a las emociones, tanto mejor.

Bueno maj@s, nos vemos por los bares, plazas, salas, etc… y cuando esto ocurra sólo espero hacer bien mi trabajo y que gracias a ello salgáis de mis conciertos un poco más felices de lo que hayáis entrado. Eso espero y eso deseo y para eso trabajo.

The show must go on

Pablo Líquido

Pd: Os dejo aquí la canción-homenaje BLACK SNOW que escribí en 2014, cuando se cumplieron 10 años de aquellos atentados, y que he publicado dentro de mi nuevo proyecto Pablo Works.

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